miércoles, 6 de abril de 2011

Angustia Vital (de Ángeles Molina Pérez)

"………… espero que respetéis mis deseos.  Hasta pronto. "
   Bien, una cosa lista. Ya falta menos para la hora de mi viaje. Debo dejarlo todo perfecto, no puedo irme si queda algún cabo suelto, no estaría en paz.

   Paz, paz, paz… todo el mundo la nombra, todos hablan de ella. De tanto repetir la palabra ha perdido su significado. Suele pasar cuando usamos repetitivamente cualquier expresión, con la salvedad de que este no es un vocablo cualquiera. Tras su envoltorio reside una idea utópica que nunca se llevó, ni se llevará a cabo por los pueblos que habitan este mundo.

    ¿Cómo sería realmente la paz?.  Muchos pensarán la paz sería blanca, pura, silenciosa.  ¡ No, amigos míos !.  ¡ NO !.  Es oscura, como el interior de cualquier pasadizo sinuoso y perdido de la cueva, donde me oculto de los monstruos que me persiguen día a día con su cháchara banal y maléfica. También puede ser liviana como el humo del tabaco y ¡ por qué no !  ¡ ESTRIDENTE !  como un avión al sobrepasar la barrera del sonido.
   Es todo tan relativo, tan subjetivo…

La ropa para este viaje debe ser especial. Considerando la cantidad aproximada de público que me va a observar tiene que ser algo discreto pero elegante, sin ostentaciones. Un traje, indudablemente lo más usual. El color adecuado un gris perla, ni demasiado formal ni demasiado atrevido. ¿La camisa roja?, un poco macabro, mejor el siempre socorrido color blanco. La corbata azul marino con pequeños motivos en plata. La ropa interior blanca y los calcetines siempre negros.

La imagen es muy importante, sí, sí. ¡ Muy importante !. ¡ Basta de hacernos los hipócritas diciendo que nos enamoraríamos igual de una persona gorda que de una con tipazo colosal !. De boquilla para fuera es fácil, pero por qué cuando una mujer me ve, en vez de arreglarse el pelo y sacar sus armas de seducción, lo único que hace es mirarme con repugnancia o con lo que es peor, con compasión, y salir disimuladamente echando leches.

Odio a las mujeres hermosas, me hacen sentir patético. Esas miradas de repulsión. Esos gestos de asco. Esas sonrisas burlonas cuando paso. Ese atisbo de grima en sus ojos cuando sienten que las estoy desnudando con la mirada. Esas… Esas… Esas…

 ¡ Lo que daría por poder tocar un sólo cabello de una mujer hermosa !.

Las feas. ¿Qué decir de las feas?. Lo de siempre que lo importante es el interior. ¡ Y una mierda !. El que dice eso es porque no le queda más remedio que fastidiarse con una fea. ¡ Que se la cambien por una guapa !. ¿Opinará igual?

Sobres y papel para la impresora. He de ir a la librería a comprarlos. No puede quedar ningún cabo suelto. No, ninguno…

¿Qué tipo de papel prefiere?. ¡ Estúpida dependienta !. Para esto debe ser de calidad. No voy a hacer una chapuza a estas alturas. Siempre que sales a la calle, más tarde o más temprano hay alguien que te jode el día. Cuando por fin me arriesgo a salir de casa descubro criaturas que me están acechando desde cualquier lugar en el que me encuentre. Cientos. Miles de ojos escrutándome hasta el más ligero pestañeo, para después murmurar, cuchichear, maquinar planes para conjurar a las fuerzas malignas contra mí... Vudú, ¡ sí !. O magia negra, quizás... ¡ Sí, si, magia negra !. ¡ SÍ !.

En los sobres sólo he de poner el nombre de la persona a la que va dirigido. Sin embargo, las cartas deben ser totalmente personalizadas. Dándole a cada sujeto implicado las instrucciones precisas, y  explicándole uno a uno los motivos por los que es forzoso que emprenda este viaje.
No me gusta viajar. A los miles de ojos que me observan a diario debo sumarles otros tantos de los nuevos seres con los que he  de enfrentarme. En el único sitio en el que estoy, ¡ a veces !, a salvo es mi casa. Casa de rancio abolengo que ha ido pasando de padres a hijos desde hace unos trescientos años. Soy el último de la estirpe. No tengo sucesores. No puedo consentir que este maldito temperamento heredado continúe habitando el mundo. ¡ Conmigo se acabará la rabia !.
Cuando no esté aquí echaré de menos este viejo caserón. Con él puedo hablar. ¡ Sí, sí ! ¿Les parece increíble?. ¡ Créanme !. Las paredes hablan.

Los dormitorios y objetos personales de mis antepasados no han vuelto a ser tocados por nadie tras sus muertes. Es una de las normas de la familia que se ha mantenido a través de los tiempos. Estos objetos poseen la extraordinaria facultad de permitir abrir puertas entre dimensiones y ser capaces de hacerme  ver  y oír a sus dueños maldiciéndome, perjurando y escupiéndome a la cara lo que según ellos he hecho para ganarme la vergüenza y el deshonor de mi ilustre familia.

Siempre aparecen cuando menos los espero, ¡ pero sé lo que traman !. Quieren gobernarme, siempre he sido para ellos el pelele que podían mover a su antojo. Pero eso se ha terminado, me voy de aquí para no regresar nunca más. Cuando salga de esta casa, será la última vez que alguien la habite. El increíble palacete ha de derrumbarse en la soledad y el olvido.

Debo preparar la mesa para los invitados. Almuerzo frío, ideal para que todo el mundo pueda relacionarse con  libertad y hablar con quién les apetezca. En esta ocasión es mucho mejor así y el anfitrión, o sea, yo, podré disfrutar de los comentarios de todos sin limitaciones acústicas ni visuales. Esta vez no habrá compromisos que me impidan huir de un grupo de viejos carcamales con su conversación tediosa y diplomática a la vez, intentando sacar de la reunión la mejor información de primera mano y nuevos e influyentes contactos con los que aliarse cuando la situación así lo requiera. No aguantaré a las viejas grullas con sus lenguas viperinas lanzándose dardos envenenados por la espalda. Podré estar con quien quiera y cuando quiera, sin tener que guardar las normas del protocolo.

¡ Ja !, ¡ Ja !, ¡ Ja !. ¡ Por fin voy a poder escuchar sin intromisiones de ningún tipo lo que murmuran, lo que urden constantemente contra mí,  ¡ y nadie podrá  impedírmelo !. Ni siquiera ellos se darán cuenta. Los voy a pillar en plena conspiración. Luego me resarciré de todo.

De niño, me escondía en el rincón más oscuro del despacho de mi abuelo. Allí, entre la penumbra pasaba inadvertido. Desde mi escondrijo oía todas las conversaciones y discusiones. Incluso veía los frecuentes escarceos amorosos. Primero los de mi abuelo y después también los de mi padre.

 Mi abuelo,  como todos ustedes sabrán, fue una persona muy importante. Era el Rector de la Universidad y un hombre muy influyente dentro de la política. Diplomático y manipulador. Caritativo y déspota. Muy querido por el pueblo, el mismo populacho al que odiaba y que le asqueaba. Era de los de palmadita en la espalda y puñalada trapera cuando ya no eras necesario. Pero todo el mundo le admiraba.

" ¡ El Ilustrísimo Rector Magnífico Don José De Lavega Salvador !. ¡ Hombre cabal, honrado, justo, caritativo !. ¡. Un hombre bueno !."

Al principio le espiaba para poder compenetrarme con él. Aunque no supiera que  estaba allí para mí era una forma de conocerlo y formar parte de su vida, compartiendo sus secretos, que eran los míos. Aunque hasta bien entrada mi adolescencia no empecé a entender realmente el porqué de muchos apretones de manos, miradas aviesas y documentos secretos.

El primer domingo de cada mes tenía por costumbre llamarme a su despacho, para como solía decir, aleccionarme sobre lo que sería mi vida y cómo debía de ir enfocándola con el fin de ser digno de llevar su Apellido. Mi sangre igual que la suya no era roja, pero tampoco azul, era mucho más exclusiva. Era negra, como el color de su alma, de sus entrañas, de su corazón.

Las noches  anteriores a estas citas las pasaba con fiebre, pesadillas e incluso llegaba a orinarme en la cama. Después cuando entraba al despacho, en el que siempre recordaré la imagen de una persona sarmentosa, de rasgos y ademanes agresivos, sentado detrás de una magnífica mesa y rodeado de toda clase de libros, con un sutil olor a madera de ébano y polvo de tantos años de sabiduría encerrada en ejemplares incunables. Sus puestas al día como él las llamaba, o sus adoctrinamientos como los llamaba yo tenían cada vez una forma diferente que se resumía en un mismo significado. La cuestión era anular mi personalidad y cualquier atisbo de pensamiento propio. Una vez limpio el terreno de obstáculos se procedía a la cimentación. Esta fase inicial era en la que me encontraba. Después, sobre unos buenos cimientos, se procedería a construir el edificio personalmente diseñado para cumplir con las expectativas requeridas por el  constructor. Tenía que ser fuerte, sólido y magnífico. En el se albergarían todos los planes de futuro y se marcarían las directrices a seguir. ¡ Pero estaban cimentando en terreno arcilloso !.

Ese era el único tiempo que mi abuelo me dedicaba: la mañana del primer domingo de cada mes. He incluso cuando me hablaba ni siquiera me veía, sólo veía un candidato que aleccionar para llegar a convertirme en una proyección suya. Cuando decidía que era suficiente charla  y creía haber conseguido dar otro paso hacia delante inculcándome nuevos valores que nos diferenciaban de los mortales, llamaba a la nana que me sacaba de la inmensa habitación para, obligatoriamente, encerrarme en mi cuarto a reflexionar sobre la conversación mantenida y la importancia de ser digno de llevar el Apellido.

Cuando llegue a mi destino y me vuelva ha encontrar con Ana y Clara, todo será diferente. Ya lo tenemos acordado. Nos abrazaremos y besaremos. Son muchos años sin vernos. Sé que están esperando ansiosas mi llegada. Lo sé porque cada vez que hablamos intentan convencerme de que el mejor sitio para ir es junto a ellas, y me invitan a que las acompañe. Estoy deseando ver sus caras sonrientes.  ¡ Ha pasado tanto tiempo !.  Quizás no las reconozca.

La gente. ¡ Ja, Ja, Ja !. La gente… ¡ valientes imbéciles !. Ya imagino sus malditas caras cuando me reúna con Ana y Clara. Cuando alcance la felicidad. Imagino, primero su estupor, después un miedo incipiente que terminará convirtiéndose en terror, y para rematar la angustia de sentirse perdidos, solos ante un mundo hostil en el que ya no gozarán de mi sabiduría y tampoco tendrán mi protección.  Pobres estúpidos desorientados. Rebaño sin pastor.

Cuando un pastor abandona el rebaño las cabras triscan a sus anchas y se sienten libres, hasta que no tienen agua, ni comida, ni nadie que las cuide, entonces sienten el horror de verse desamparadas sin recursos para sobrevivir y con el espanto de aguardar una muerte lenta, interminable…

El mejor circo es el que montan las personas en su rutina del día a día. Las veo, las observo… Ellos no lo saben. ¡ NO ! ¡ NO ! ni deben saberlo, pero cuando les miro no sólo percibo su exterior sino que a mis ojos se descubren, se vuelven transparentes y me muestran como son en realidad: hombres sonrientes/ frustrados  disimulándolo;  mujeres agresivas/defensa ante un sentimiento de inferioridad;  niños con muchas horas de estudio y notas mediocres/padres fracasados. Ellos me temen porque lo sé. Me odian porque conozco sus debilidades y me respetan por miedo a que les desenmascare. Me vigilan de cerca. Un pequeño desliz y… ¡ BANG !. Pero ¿quién se atrevería a ponerse en evidencia confirmando con su acto lo que tácitamente todos saben y todos callan?. Aunque pueda parecer lo contrario no sería el más cobarde el que apretara el gatillo, sino el más valiente ya que de esta manera les estaría gritando a los demás: ¡ soy una asquerosa inmundicia como vosotros, y este maldito loco lo sabe !.

 NO. No soy un maldito loco simplemente es que a nadie le gusta que le descubran sus debilidades y su forma de defenderse ante este enemigo es injuriándolo y apartándolo de la sociedad. Lo desprestigian. Que nadie lo pueda tomar en serio, así, sus miedos, sus fracasos estarán a salvo. ¿Quién cree a un chiflado?. Pero no pueden silenciarme para siempre. Mi inteligencia es muy superior a las suyas, sólo estoy esperando el momento apropiado. Una negra sombra caerá sobre sus cabezas y penetrará en sus mentes y sus corazones. Pronto. Muy pronto… ¡ Temed porque os voy a desenmascarar !.

Dentro de la fauna autóctona de esta zona del país, nos encontramos con la especie de los conflictivos pertenecientes a la familia de los marginales. Por ser una especie molesta y desagradable de ver para las razas privilegiadas, que paseando o cenando en una terraza de lujo se los encuentran y les amargan la velada, se formó hace mucho, mucho tiempo una brigada especial que tenía como fin primordial el exterminio de estos molestos parásitos. .

Una de las variedades protegidas es la de los deficientes psíquicos, pero no porque se estén extinguiendo sino porque forman parte de la falsa moral y dan una buena imagen a aquellos que, si hay publicidad o intereses políticos de por medio, se encargan de estos deshechos de la humanidad para reciclarlos y ponerlos a disposición de una turba sin escrúpulos. Es lo que llaman integración. 

  - ¿ Estás integrado ? .
  - Sí.
  - No hay problema entonces. El siguiente, ¿ estás integrado ?.
  - ¡ NO !.

  - Debes ir urgentemente a la sala de desprogramación y cuando tengas el cerebro vacío te lo llenaremos de valores y actitudes deseables en esta sociedad y ya estarás listo para ser una persona normal. No destacarás en nada. No protestarás a nada. Todo va bien. Tú dedícate a vegetar mientras nosotros nos ocupamos de todo.

Yo me negué a ser reprogramado por lo que soy un parásito molesto al que hay que castigar por ser diferente y tener ideas propias.
¡ No, el mundo no es justo !.

¡ Dios !. ¡ Diooos !,  ¿no me escuchas?,  ¡ te estoy llamando !. ¡ Diooos !.   Es inútil, nunca me escucha y mira que lo he intentado de todas las formas posibles. Primero lo busqué en su casa: la iglesia, ¡ Sí ! ¡ la Casa del Señor !. Pues bien, después de mucho intentarlo, de seguir sus mandamientos, de poner la otra mejilla y sudar sangre, no apareció. Entonces me acordé de lo de " a Dios rogando  y con el mazo dando".  Este refrán, que al parecer se lo tomaron al pie de la letra los de las Cruzadas o la Santa Inquisición a mí no me ha dado resultado. Claro como no he pegado a nadie con el mazo, sólo me he dedicado a rogarle y trabajar pues no he recibido nada a cambio. ¿Tendré que matar a alguien en el nombre de Dios?. No he matado a nadie todavía, pero si le funcionaba al Rey Ricardo o a Torquemada ¿por qué no me puede funcionar a mí?. Esta es una opción interesante, tengo que analizarla con detenimiento. Conseguiría la gracia de Dios al mismo tiempo que las personas me aclamarían como el Elegido del Señor; y me escucharían; y me seguirían;  y podría conducirlos  por el camino de la verdad …la verdad…  Pobre rebaño descarriado, ¡ yo te salvaré !.  Sólo tenéis que alabarme.  ¡ DEBÉIS ALABADME !.  Debéis hacerlo… de… debéis hacerlo. Me lo merezco. No sois nadie sin mí. No me ignoréis, no podéis ignorar al que vive para que  viváis.

 … ¡ Ja, Ja, Ja, !.  Cuando os deis cuenta ya será demasiado tarde para vosotros.  ¡ YO REIRÉ EL ÚLTIMO ! .

Dicen que otra forma de buscar a Dios es sentirlo en mi interior, sentirlo en las cosas que me rodean. En el vuelo de una mariposa, en el azul del cielo, en la sonrisa de un niño, en la mujer que llora al parir a sus hijos con dolor,  en los terremotos que devastan países pobres, y enfermos que mueren  a las puertas de los hospitales en los países ricos. El hambre de la mayoría de la población del mundo frente a la riqueza concentrada en una minoría privilegiada.

¿Dónde buscar más?. No lo voy a seguir buscando, porque ese Dios misericordioso, ese Dios que es amor, que todo lo ve, no me derrama su gracia divina  cuando cumplo todos sus mandamientos, pero si  lo ofendo descarga toda su ira sobre mí. ¡ Estamos hechos a su imagen y semejanza !. ¡ Somos sus hijos !. ¡ Es justo y necesario !. 

¿Es justo?. ¿Necesario?. A qué Dios nos debemos dirigir, qué doctrina es la verdadera. ¿ Quién es la verdad ?. ¿ Es quizás Alá ?, ¿ Jesús ?, ¿ Yavé?, ¿Buda?,  ¿ Amón ?, ¿ Zeus ?. 

 ¡ Dios mío !  no debería pensar esto, ahora sí que me va a castigar.  ¡ NO !. No. ¡ Señor piedad !.  ¡ Me arrepiento !  " yo pecador me confieso Dios que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra, y omisión.  Por mi culpa,  por mi gran culpa … ".  NO quiero sufrir más. ¡ NO puedo más !. ¡Piedad  Señor !. ¡ Piedad !. "Creo en Dios todopoderoso…

Tantos años de reclusión en la heredad de la familia me obligó a conocer los recovecos más ocultos y descubrir la vida propia de un edificio que envuelve e influye en todos los que lo habitan sin que se den cuenta. La situación y orientación de la casa, su mobiliario, las vibraciones de las personas que lo ocuparon antes que yo y las vibraciones de las que hoy moramos en él, hacen que posea una identidad especial que embriaga a todo el que lo habita, influyéndole en el carácter y formas de hacer. Respiramos siglos de historia, entrando en nuestro cuerpo a través de los pulmones y distribuyéndose hasta la última célula de nuestro ser volviéndonos de forma inconsciente una parte más del mobiliario de la casa. 

El gran señor de la mansión, mi abuelo, era una persona enjuta, de tez pálida, reflejo del  peso de ser el cacique del lugar y su  lucha por oponerse y maquinar sobre el mínimo intento de los siervos que supusiera una apertura de mentalidades. Sería un horror  encontrarse relegado a un plano de igualdad entre un pobre  y él.  Era una abominación que nunca se llevaría a cabo. La naturaleza es clasista. Los leones son los cazadores mientras que las hienas comen los despojos que ellos no quieren. Los pájaros que acompañan a las jirafas para comerse sus parásitos. Los buitres, las garrapatas, los mosquitos, son especies de segunda clase, necesitan de la primera para sobrevivir. Igual pasa con los humanos. Los sirvientes necesitan que sus amos les den una tierra que cultivar, una casa que cuidar y una persona a la que idolatrar.  Sin mi abuelo los criados y siervos se morirían de hambre. Si no le temieran estarían todo el día holgazaneando, dejándose caer en los brazos de la lujuria, en los vicios. Sin moral se verían arrastrados al fondo del abismo de la depravación. Sin embargo, gracias a sus palizas, sus gritos y sus castigos los endereza por el camino que habría de conducirlos hasta el purgatorio donde vivirán eternamente purgando la culpa de haber nacido pobres. Estaban por encima de los criminales, que eran los que iban al infierno. El cielo todos sabían para quienes estaba reservado.

Toc, toc, toc. Suena la aldaba golpeando el enorme portón principal. El ama de llaves se apresura a abrir la puerta dando las órdenes oportunas al resto del  servicio ante la llegada de mi padre, el Doctor Álvaro De Lavega - Hernández.  El mejor cirujano del país. Ilustrado en ciencias y letras no hay quién no se incline ante su sublime inteligencia. Hombre de mundo. Justo, caritativo y cariñoso con los humildes. Diplomático sagaz, capaz de conseguir cualquier cosa que se proponga. Sólo tiene que poner su mejor sonrisa, unas falsas promesas a inconstantes aliados y juramentos solemnes a sus incondicionales, arreglándoselas siempre para que todo el prestigio y admiración recaigan sobre él, ( y el mayor beneficio económico también, sino de qué sirve todo el esfuerzo sin una pingüe recompensa). En cualquiera de los homenajes que ha recibido, como ser humano íntegro preocupado por el descubrimiento de métodos que ayuden a paliar a la humanidad del dolor de las enfermedades, y que les hagan gozar de una vida más larga y sana. En el momento de la entrega del premio, detrás del atril, donde escupirá su discurso lleno de hipocresías, aparece en sus dientes el destello del narcisismo, la vanidad, mientras los oyentes babean ante una sarta de falsedades, que aún siendo conscientes de ello, les hacen sentirse por unos minutos solidarios con la misma gente que a la salida del homenaje espera en la calle con la esperanza de encontrar ayuda. Los mismos apestados a los que miran como si fueran seres de otro planeta.

- Si lo mejor que pueden hacer es morirse, piensa mi padre, o mejor incluso prohibirles que se reproduzcan, solamente los necesarios para nuestros intereses. Además, estamos en nuestro derecho de que se cumplan nuestros deseos, para eso somos los que movemos la economía del país. Y lo que no es economía.

 Mira al público pensando cuál será su próxima enfermedad a descubrir o provocar. Qué más da. Lo importante es encontrar una nueva cura que le volverá a encumbrar como una eminencia dentro de la medicina y le dará algo más de dinero. ¡ Otro  peldaño más en la escalera del éxito !.

- Vamos hijo, no te quedes ahí y dale un beso a tu padre.

- ¡Nana! ¡está muy delgado y paliducho! Esta no es la imagen que debe dar mi hijo. Respecto a sus estudios dile a la institutriz que quiero hablar con ella en cuanto termine mi café. Es un De Lavega y todos hemos sido intelectualmente superiores a los demás. Si no cómo podrían mantenerse nuestras posesiones, y el prestigio de nuestro Apellido.

- Tú, querido Ricardo, eres el sucesor de todo lo que ves, lo que imaginas e incluso lo que ni siquiera puedes imaginar. Tu abuelo y yo confiamos en ti para que sigas engrandeciendo el Apellido y el patrimonio de los De Lavega. Serás juez. Te necesitamos en ese cargo. Los tres unidos: abuelo, padre e hijo, tendremos poder suficiente para decidir el destino de la nación. Si nos apetece. Nosotros movemos los hilos, los demás se mueven al son que les marcamos.

- La señora Amelia, señor.

- Amelia querida, dulce y fiel esposa. Vuelvo de nuevo a casa, cansado de trabajar para darte lo mejor. ¿Y qué me encuentro?, unos ojos enrojecidos, una mirada huidiza, el cabello despeinado, la ropa descuidada. ¿Es esa la forma que tiene de recibir la mujer al hombre que la mantiene?. ¿Acaso te falta dinero, lujos o caprichos?.  ¡NO!  no me vengas con el cuento de que te sientes sola. Tienes a la abuela que te hace compañía, a tu hijo al que mimas en exceso y que estás convirtiendo en un imbécil blandenge niño de mamá.  ¡NO llores!.  ¡Maldita sea!. Cualquier mujer se sentiría orgullosa de estar en tu pellejo y disfrutar de todos tus privilegios.  ¿El amor?.  El amor no existe, querida, tu me utilizas para disfrutar de las mejores cosas de la vida y a cambio me has dado un hijo para continuar la saga. Ese fue el trato. Desde siempre has sabido que era así  ¿a qué viene ahora este comportamiento tan pueril?.

- No soy la única mujer de tu vida. Me da igual quién sea la fulana con la que te estás acostando, pero dentro de nuestro trato no figuraba que en las reuniones de sociedad yo fuera la comidilla y el hazmerreír. 

Todos compadecen y se burlan de la pobre ignorante Amelia.  ¡ Burlada por una ramera, una muerta de hambre, una… una… !.

- Tranquila Amelia, no es bueno para tu corazón que te alteres de esta manera. Te inyectaré un tranquilizante y así podrás descansar hasta la hora de la cena. Ya verás como después de unas horas de sueño te planteas la situación desde un punto de vista más racional.

- ¡ Maldito hijo de puta !.  Esta es tu forma de esconderte a la verdad, insinuando que estoy loca, así nadie me cree, tú sigues con tu infidelidad, mientras a mí  me hundes cada vez más en tu mierda. Pero temo que estoy en tus manos. Sabes que no puedo pasar sin ese condenado veneno que me inyectas todos los días. Por lo que mantendré la boca cerrada y seguiré a tu lado hasta que decidas ponerme fin, y llegado el inesperado y doloroso momento me enterrarás, entre un mar de lágrimas, la cara compungida por el sufrimiento. Mi epitafio será: A UNA SANTA ESPOSA Y MADRE EJEMPLAR.  Mientras yo me revolveré en mi tumba, maldiciéndote para  siempre.

 Consorte del digno señor, no me recordarás como mujer, más bien como lo que he sido en realidad, un contrato comercial. Mi padre el vendedor, tú el comprador y yo la cosa enajenada.  El señor Conde estuvo recibiendo, hasta su bendita muerte, grandes beneficios por su muy acertada transacción. El magnifico Doctor se apuntó un título nobiliario ¡ con escudo de armas y todo !, que bonito le iba a quedar en la fachada de su palacete. La cosa vendida tampoco salía mal parada, era lo ideal para ella, sacaba de la pobreza a su rancia familia, ya podía por fin dejar de coser y descoser, una y otra vez el vestido, para que no pareciera siempre el mismo, además, tendría un marido e hijos, la meta de todas las mujeres. Y no un marido cualquiera ¡ no !, ¡ una bellísima persona y un eminente cirujano !. Su profesión era salvar vidas desinteresadamente. Tenía todo lo que una joven sin experiencia de la vida cree que le dará felicidad, y se enamora de una ilusión, la ilusión pasa a ser un sueño hecho realidad, y es ésta, la realidad, la que lo convierte en pesadilla.

En este cuento la princesa le da un beso al príncipe que se convierte en un repugnante sapo, pero ya es demasiado tarde. Vivieron infelices y comieron perdices.

- ¡ Nana !  ¡ Lleva a la señora a su habitación !.  Ha vuelto a tener una recaída. Súbanle de nuevo la medicación y déjenla descansar.

Ricardo, hijo, acércate. No te asustes. Es sólo una crisis más, pronto pasará. Debes comprender que el cerebro de tu madre no es como el nuestro. Su cerebro está enfermo. Le hace pensar y decir cosas que no existen, que no son reales para las personas que estamos sanas, pero desgraciadamente ella cree que son verdad, lo que le hace sufrir mucho. Por esto es mejor no recordarle lo que ha sucedido,  no lo entendería y agravaría  más su problema y tú no quieres que mamá sufra ¿verdad?. Buen chico, sabía que lo comprenderías. Tampoco debes comentarlo con nadie, no querrás que todos piensen que tu madre está loca. 

En cuanto a ti jovencito, mañana, junto a tu institutriz, mantendremos una charla en la que definiremos tus objetivos a alcanzar para conseguir nuestro mayor bienestar.

Ana y Clara irradiaban alegría, despreocupación. Sentía una inmensa felicidad cuando disfrutaba de su compañía. Ana era tres meses menor que yo. Aún siendo cada uno de madre diferente nuestros sentimientos eran los mismos. Cuando yo estaba triste, ella estaba triste. Si estaba resfriado, ella estaba resfriada. ¡ Almas gemelas!. Nos gustaba sentarnos debajo del algarrobo, al fresco que proporcionaba su sombra y cogernos de la mano. Sin mediar una palabra, a través de nuestras manos fluían nuestros sentimientos. Con los ojos cerrados disfrutábamos del calor del sol; del olor a humedad del rocío; del viento azotando la todavía frágil tersura de nuestras mejillas. Lo que hacía que los sentimientos fueran el doble de intensos era el bombardeo de matices pertenecientes a la otra persona que nos enriquecían, nos embriagaban. Eramos sólo uno disfrutando doblemente de los pequeños placeres de la vida.

Clara, dos años menor que Ana y yo, era la chispa, la luz de un relámpago: rápida, luminosa, brillante, cargada de energía. Su pelo como el trigo, despedía reflejos de oro cuando el sol lo rozaba con un rayo. Sus verdes ojos, joyas únicas, que jamás existieron ni existirán otras dos esmeraldas semejantes de corazón de azabache y vetas de ámbar.

Las dos hermanas, felices en su pobreza, despreocupadas ante su rusticidad, sanas sin haber tomado nunca la medicación obligatoria para ello. El mundo era nada más que lo que podían abarcar sus ojos: su madre, mujer serena y firme, fuerte como un hombre y a su vez delicada como la tenue luz de la luna; su casa humilde, falta de todas las comodidades, más digna de ser habitada por un ogro que por dos ángeles y un hada; sus animales y el campo, que les proporcionaban todo el alimento necesario. No conocían el caviar, el Rolls Royce, ni quién era el presidente del país. ¿De qué les hubiera servido si rebosaban dicha y armonía?.  La felicidad está en relación directa con todo lo que conoces del mundo; con todo lo que posees de éste; y con tus posibilidades para conseguir lo que no tienes. Si tu conocimiento se limita a las cosas que tienes, no careces de nada. El desconocimiento en este caso sería sinónimo de la felicidad completa.

Qué gran diferencia había entre nosotros para ser hermanos. Ellas no lo sabían, pero yo sí. Tampoco necesitaban saberlo. La primera vez que Isabel y yo nos vimos así lo acordamos. Tras una mirada inicial desafiante, luego escrutadora, más tarde comprensiva y por fin cómplice.

La diferencia estaba en que yo era hijo de la loca de mi madre. Siempre sedada por ser irascible, irritante y rebelde. Mi padre tenía razón no debía recibir visitas, porque siempre terminaba siendo soez, soltando su lengua viperina y luego, claro, los comentarios. Ese tipo de comentarios acerca de la familia no nos convenían en absoluto. Lo mejor era mantenerla callada y desprestigiarla, para que sus deslices, totalmente lúcidos e intencionados, fueran tomados por delirios de locura. ¡ El pobre señor De Lavega !. Tener que cuidar a una mujer en ese estado le estaba afectando mucho emocionalmente. ¡ Cuánto amor !.

-  ¡ Silencio !. ¡ Escuchad !. ¿Los oís?.

- Ricardo, siempre fuiste un inútil. Depositamos nuestra confianza en ti y no sólo nos has arruinado, también denigrado. Hace tres siglos que pasamos de ser unos humildes campesinos, a convertirnos en la familia más poderosa del país. Trabajábamos de sol a sol hasta que las manos nos sangraban, así un día tras otro. Éramos siervos en tierras del Conde de Mondariz. Sembrábamos trigo, algodón, lino… había tantas hectáreas que cultivar que su límite se perdía mas allá del horizonte. Pero las trabajábamos sólo nosotros. Aunque las quemaduras del sol nos produjeran ampollas y al día siguiente, con las mismas ampollas, volviéramos ha trabajar de sol a sol. ¡ Nadie iba a meter las narices en lo que nos correspondía !. Nosotros lo trabajábamos; nosotros lo recolectábamos; nosotros nos llevábamos el mérito de lograr cosechas abundantes. ¡ Era lo justo !. Nos lo merecíamos y no íbamos a permitir que un intruso nos fastidiara el camino que había de conducirnos lejos de la pobreza.

Después de recoger la cosecha y darle al  Conde la parte que le correspondía como dueño y señor de las tierras, hacíamos balance de lo que quedaba para nuestro sustento, lo reducíamos a la mitad para tener más grano que sembrar en la próxima cosecha y así recoger más fruto. Lo hacíamos todos los años por esto cada ver era mayor nuestra plantación, y los beneficios económicos aumentaban en relación directa con el hambre que pasábamos procurando sobrevivir con la mitad de la ración anual que se consideraba suficiente para no pasar hambre. ¿Y para qué lo hacíamos, maldito estúpido?. ¡ Piensa ! ¡ por una vez en tu vida pon en funcionamiento ese cerebro oxidado de no usarlo y repóndeme !.

No te esfuerces, yo te lo explicaré. Todos sabemos que no vales para nada. Eres nuestra vergüenza y te repudiamos. No pasa un sólo día que no maldigamos tu nombre. Ni siquiera eres capaz de responder a mis preguntas. ¡Cobarde!. ¡ No llores !, te daré las respuestas, para que sufras, como ahora sufrimos nosotros por tu culpa. ¡ Por ser el único imbécil de la familia !.

Solamente trabajando no se llega tan alto como hemos llegado. Había que saber ganarse la confianza del Conde de Mondariz utilizando todas nuestras argucias. Pronto llegamos a resultarle tan rentables que pasamos a ser imprescindibles. ¡ Un peldaño arriba !.  Jugando con la diplomacia y la política pasamos a ser sus hombres de confianza. No había negocio, venta o acuerdo en el que no hubiéramos intervenido previamente de forma sibilina, amañándolo para quedarnos con un buen pellizco, sin que comprador ni vendedor lo sospecharan siquiera. Claro que de cara a los negociantes, tanto del uno como de otro, les habíamos conseguido el mejor trato a su favor, con lo que la recompensa era doble, pero la última en el ámbito del prestigio social. ¡ Otro peldaño más !. La inteligencia y la manipulación son las formas más efectivas de amasar una buena fortuna y ascender en la escala social. ¿Lo entiendes ahora?. Suponemos que no. Llevamos desde que eras niño contándote la misma historia. Todos los De Lavega, vivos o muertos, hemos hablado contigo y en vez de escucharnos te escondías y temblabas de miedo. ¡ Tonto acoquinado !. Algún día te arrepentirás de ello, mientras tanto no te dejaremos vivir en paz. Pero no seremos nosotros, será tu conciencia que no está tranquila. ¡ Recuerda !, te vigilamos constantemente.

Son mis parientes, siempre persiguiéndome y torturándome. Desde mis tatarabuelos a mis padres todos me reprochan no haber podido mantener en pie el imperio que tanto trabajo les constó conseguir. Mi tatarabuelo lo inició con mucho esfuerzo, y sobre esas bases delegó en mi bisabuelo que consiguió consolidarlo; mi bisabuelo delegó en mi abuelo que lo encumbró; mi padre lo situó dentro del círculo de personas más importantes del estado, y mi padre delegó en mí que lo hundí.

Querían que fuera como ellos y aplastara todo lo que se me cruzara en mi camino, cualquier cosa, con tal que mantuviera su carácter ambicioso. Debía darme igual aplastar a mi enemigo o a mi propio padre si el fin era conseguir el objetivo deseado. Me educaron para que nada se interpusiera en mi camino hacia la consecución del poder.

Pero no contaron con mi carácter tímido, reservado, inseguro e inferior en todos los aspectos en los que me comparaba con mi padre y mi abuelo. Ellos eran dos diablos movidos por la codicia. Pero yo era un soñador, no un político, ni un diplomático, ni un economista. Me bloqueaba en presencia de este tipo de personas. En las reuniones sociales, a las que asistía desde los diez años para que me fuera acostumbrando, decía mi padre, a ser zorro viejo, llegaba a sentir tanto temor a ese tipo de gente que sudando gotas gordas como puños corría a esconderme en el lugar más alejado del tumulto de la reunión, esperando impaciente que los invitados abandonaran la casa para después someterme irremediablemente a una serie de reproches, bofetadas y severos castigos por mi comportamiento antisocial que me hacía quedar en ridículo ante los demás y que no era precisamente el comportamiento esperado por los señores que debían dejarse influir por mí cuando mis tiranos me dejaran al mando de un círculo social tan manipulador como influyente.

Ana y Clara hicieron que despertara del letargo en el que me había sumido como mecanismo de defensa ante la impotencia de elegir mi propio destino. Me dieron  alas y me enseñaron a usarlas, sólo tenía que decidirme a emprender el solitario vuelo.

Aquel día desperté como todas las mañanas con los gritos de la Nana. Mi abuelo era el primero en desayunar y lo hacía en su despacho leyendo el periódico del día. Estar informado era imprescindible para realizar cualquier movimiento que le supusiera comerse al menos un peón, aunque su especialidad era el jaque mate. Como los pescadores, una vez que el pez ha mordido el anzuelo es cuestión de jugar con él, aflojando o recogiendo el hilo, para en el momento justo sacar la pieza, pero no exhibirla, sino disfrutarla tranquilamente en privado y no perderse ni un instante del sabor del triunfo.

Mi abuela apenas salía de sus aposentos. Era autista. Fueron muchos años de lucha apoyando a su marido, para terminar un día descubriendo el daño que habían causado a personas tan allegadas como su propio hermano. Mi tío-abuelo se suicidó después de descubrir que desde hacía años su única hermana y su cuñado lo habían utilizado para sus negocios más turbios. Olían tan mal que el propio hedor fue el que alertó a la policía y la condujo directamente hacia el foco de la putrefacción, o sea, mi tío-abuelo. El infeliz intentó defenderse pero todo fue inútil. Los traidores no habían dejado ningún cabo suelto que les pudiera implicar. Se sintió acorralado como un escorpión dentro de un círculo de fuego. Y  se clavó el aguijón. Después del funeral, la abuela se refugió en sí misma y no volvió a tener contacto con la realidad. Se podría decir que voluntariamente se enterró en vida.

Mi padre, mi madre y yo sí teníamos la costumbre, más bien la norma, de desayunar juntos. Aunque nunca hablábamos de nada. El ambiente era tan denso y cargado de odio que se podía cortar con un cuchillo. Él leía;  ella disimulaba su repulsión y se aferraba a sus pastillas como su única salvación;  y yo en medio de los dos sentía su distanciamiento y la incomodidad de no poder conversar con uno sin que el otro sintiera celos. No porque me quisieran, sino por el reto que suponía para ambos el conseguir mi afecto para luego el ganador del trofeo restregárselo por los morros al derrotado. Por esto lo mejor era el silencio. La única manera de no meter la pata y que saltara la chispa.

Lo último que recuerdo de mi madre es un destello de súplica en sus ojos.

Aquella noche sentí un calor sofocante. Me desperté con palpitaciones. Nadie me oyó y me aventuré a cruzar el tenebroso pasillo, lleno de sombras que se reían, se mofaban y me aterrorizaban. Bajé la escalera, con su alfombra color rojo sangre,  palpitante en deseo de engullir el pie de quien osara descender por ella en la oscuridad de la noche, y me dirigí hacia la cocina. Quería leche caliente y mi medicación para poder dormir sin despertarme sobresaltado por una pesadilla. Esa noche se le olvidó a la nana dármela antes de acostarme.

En la cocina descubrí un montón de utensilios: pucheros, cazos, sartenes, que no estaba acostumbrado a ver. Ese sitio no era apto ni digno para que entrara allí, además, tampoco me serviría de mucho con el futuro que iba a tener como juez influyente y corrupto. Mis ojos saltaban de cacharro en cacharro, perdido en mi mundo imaginario donde intentaba descubrir la utilidad de cada uno de los esos extraños artilugios. Me sacó de mi alucinación un maullido, parecía ser un gatito asustado que necesitaba ayuda. Siempre me gustaron mucho los animales pero nunca pude gozar de la compañía de ninguno, tenían bichos, olían mal y cabía el riesgo de que me encariñara con ellos. Cualquier cosa que pudiera incitarme a pensar por mí mismo era tachada de perjudicial para mi salud y automáticamente se me prohibía tener acceso a ella. Pero esa noche ¡ qué carajo ! había logrado superar el pasillo y la escalera, había entrado quizás por primera vez en la cocina. Estaba solo. Nadie me oía. Todos dormían. Y salí en busca del gato. En una noche de luna nueva como aquella, con el cielo tan atezado que parecía un mosaico negro azabache, fijado por el Dios del Sol, furioso de aguantar las continuas reprobaciones que los campesinos le escupían día tras día. Él sólo hacía su trabajo, y muy bien por cierto. ¡ Sus quebraderos de cabeza le costaban las constantes luchas con el Dios de la Lluvia !. Pero esta noche los ingratos mortales recibirían su merecido. Para variar, se había aliado con el Dios de la Lluvia, el del Viento, el del Granizo y el de los Rayos y Centellas. Las estrellas huyeron cuando se enteraron del complot de los Dioses.

La noche era negra zaina. No podía ni ver mi propia mano. El gato maullaba tan lastimero que partía el corazón. Era tiránico quedarse impávido. Decidí guiarme por el sonido de sus maullidos, pero el gato no estaba en un sitio fijo, se iba moviendo, con lo que al final terminé desorientándome. Anduve perdido mucho tiempo. Horas diría yo.

Durante mi extravío, los Dioses comenzaron su venganza. El Dios del Sol, que capitaneaba a los demás, había dado instrucciones precisas al Dios de la Lluvia. Él se encargaría de espantar a las pocas estrellas que no habían huido y de  cerrar el cielo como primer movimiento en esta guerra. El Dios del Viento actuó el segundo. Sin previo aviso soplaron fuertes ráfagas que quebraron las ramas de muchos árboles. Una de ellas cayó justo delante de mí pero las descargas de Rayos y Centellas me saturaron de energía. La fría lluvia y la gélida ventisca me helaron hasta los huesos y me provocaron una subida  tan alta de fiebre que me infundió un valor delirante. Continué mi búsqueda. Ya no oía al gato. ¡ Qué más daba !. ¡ Era de noche, llovía y estaba fuera de la casa !. ¡ Me había revelado contra el mundo !. ¡ Era el dueño de mi vida !. ¡ Por fin !.

Los pequeños, pero de común acuerdo, puyazos del Dios del Granizo me arrebataron de golpe mi breve momento de libertad. La euforia exhaló su último estertor. Volvió a mí el pavor a la oscuridad, a la noche y sus espectros. Exhausto y dolorido corrí a refugiarme en mi casa. De repente vi encenderse unas luces. ¡ Horror ! se han dado cuenta de que no estoy y estarán buscándome. Debo darme prisa en regresar. Las luces se encendían en una de las habitaciones  y al instante se apagaban; volvían a encenderse en otra de las habitaciones e igualmente volvían a apagarse. Corrí como nunca antes lo había hecho, si no llegaba pronto me matarían.

Ya está todo listo para emprender mi viaje. Las cartas reprochándoles uno a uno su actitud respecto a mí durante todos estos años. Su perseverancia ha provocado que tomara esta decisión.
A ver que repase, que todo esté en orden para la última cena, a mis expensas, claro. Les mandé una invitación para hoy lunes a las diez de la noche, en punto. Sólo pedí intimidad para prepararlo todo a mi gusto, sin intromisiones. Y que no llegaran ni un minuto antes de la hora prevista. Tienen que asistir vestidos con discreción. Para una ocasión como esta el negro siempre es el color adecuado: sobrio y elegante.

Ya ha llegado mi hora prevista: las cinco de la tarde. Voy a darme una ducha y  después ungirme con aceite aromático para perfumar sutilmente mi cuerpo. Hoy va a ser la primera vez que me vean maquillado. Lo he probado muchas veces en casa hasta que he encontrado los tonos adecuados a mi rostro. Tengo que disimular la palidez y las ojeras y poner color en las mejillas y los labios. La impresión que cause esta noche habrá sido la más importante de toda mi vida.

Ahora he de vestirme cuidadosamente. ¡ Ya está !. Me arreglo el nudo de la corbata y me pongo los calcetines negros. Zapatos no voy a necesitar. Bien, impecable, en perfecto estado de revista.

Ya le di un repaso general a toda la mansión para dejar solamente lo que me interesa que encuentren. Ahora vuelvo a darle un repaso visual a la habitación. Todo perfecto. Comienza la operación suicidio.

A las diez de la noche empezarán a llegar. Cada uno abrirá la puerta con la llave que le envié junto con la invitación. Al entrar deberán comprobar que sus nombres están en la lista de invitados que he colocado en el recibidor, junto al sombrerero. Después debe coger cada cual el sobre con su nombre y leerlo. En este sobre les pido por favor que me disculpen por no salir a recibirlos y que esperen en el salón de celebraciones la llegada de los demás invitados. Mientras tanto podrán ir saboreando el aperitivo frío que les he preparado: salmón, caviar iraní, huevas de mujol, jamón de Jabugo, champaña francés, y demás exquisiteces propias de la mesa de un califa.
Una vez estén todos juntos y después del ágape, a las doce de la noche, en punto, será la hora en la que puedan salir del salón para reunirnos todos en mis aposentos.

Tengo disueltos en agua la cantidad justa de barbitúricos que me provocarán una muerte dulce. Sólo tengo que beberme el agua y acostarme en mi cama. El vaso voy a fregarlo y colocarlo en su sitio, entre los demás vasos. ¡ Ya está, limpio como una patena !. Las cajas de los barbitúricos las tiré ayer a la basura.

Saco el algodón de la bolsa. La voy a quemar y tirar la ceniza por el balcón. No quiero dejar restos. Empiezo a meterme algodón en la boca. Es desagradable tener esta pelota dentro pero debo aguantar las arcadas, no me puedo permitir el lujo de vomitar, daría al traste con todo. ¡ Y esos malditos hijos de puta tendrían un motivo más para chancearse de mí !. Tampoco me tengo que pasar con el algodón. A ver si se me van a quedar los mofletes hinchados como si tuviera flemones.  Perfecto. Ya no me introduzco más. Ahora los oídos para que no salga líquido. ¡ Bien !. El pegamento para que no se abran los labios. Ellos se encargarán de taponarme la nariz. Una última ojeada en el espejo. Tal como lo había planeado.

Ahora tumbado en la cama me pongo en la postura calculada. Cojo el crucifijo de plata, cruzo los brazos y a esperar …
   
Es incómodo mantenerme en esta posición, sin moverme, pero pronto todo habrá acabado. Por fin habré conseguido derrotarles. ¡ Estoy deseando ver las caras que pondrán cuando me encuentren muerto en mi cama !. Gritarán espantadas las señoras. Los caballeros intentarán mantener la compostura mientras luchan por no salir corriendo.  ¡ JA, JA JA !.  Va a ser el caos, y yo:      ¡  EL PROTAGONISTA !.  Lo mejor será cuando lean sus cartas y sepa cada uno la culpa que ha tenido en mi suicidio. ¡ Será genial verles sufrir y culparse de haber matado a un hombre !.

Ya empiezo a adormilarme. Siento un hormigueo por todo el cuerpo. Noto como se me va paralizando, despacio, agónico, moribundo...

En mi entierro, cuando el obispo elogie mis grandes cualidades como hombre de bien, ellos desviarán huidizamente la mirada hacia el suelo, para intentar disimular el peso de su conciencia por haberme obligado a suicidarme. El miedo se apoderará de ellos. Vivirán siempre con el pánico de que los demás se enteren de que  han tenido la culpa de que me vaya. ¡ No volverán a dormir  tranquilos el resto de sus días !. Se mirarán unos a otros con una mirada curiosa para intentar saber quien de ellos conoce su secreto.

No me puedo menear. La respiración se hace lenta y muy pesada. Me duermo.

Luego en el entierro todo serán llantos y pésames. Será un sepelio multitudinario, ya que una persona con mi prestigio no puede concebir menos que eso. Los imagino destrozados de dolor detrás del féretro camino del cementerio,  una vez allí, cuando bajen mi ataúd, la muchedumbre estallará en sollozos y gritos de mortificación. ¡ Y yo reiré… y REIRÉ !. ¡Me burlaré de ellos! ¡ De sus caras !. ¡ De su tormento !. ¡ De su sufrimiento !. ¡ Estaré allí para verles emprender la vuelta a sus casas con el alma destrozada !.  ¡ JA, JA, JA !. 

Y cuando se marchen quedaré solo. En la tranquilidad del campo santo. Únicamente oiré al enterrador echando tierra sobre mi ataúd. Y después …

¡ Después empezaré a descomponerme !. ¡ Mi cuerpo se llenará de gusanos y no podré salir para quitármelos !. ¡ Me convertiré en polvo y huesos !.  ¡ SERÉ UN ESQUELETO !.  ¡ Un esqueleto más, bajo dos metros de tierra !.  ¡ No volveré a verlos !. ¡ No veré cómo me lloran día tras día !.  ¡ ME OLVIDARÁN !.  ¡ Seguirán con  sus vidas, mientras yo sólo seré un pútrido cadáver !. ¡ Un mal recuerdo !.  ¡ NO !.  ¡ NO !.  ¡ NO !.

Tengo que levantarme de esta cama y llamar a un médico antes de que sea demasiado tarde. Debo vomitar lo que he bebido. ¡ No puedo moverme !. Gritaré para que vengan a ayudarme.  ¡ Oh, Dios mío!. ¡ No puedo abrir la boca !. ¡ La tengo pegada !.  ¡ SOCORRO !.  ¡ Qué alguien me ayude, no quiero morir !. ¡ NO QUIERO MORIR !. no quiero morir… no quiero morir… no quiero morir… no quie…

- El olor viene del tercer piso, de la puerta de la izquierda.
    - ¿Quién vive aquí?.
    - Un viejo mendigo loco.
    - ¿Sabe cómo se llama?.
    - Sí. Amador González.
    - ¿Cuánto tiempo hace que no lo ve salir de su piso?.
    - Pues, mas o menos un mes. No le puedo dar una fecha exacta porque era un viejo cascarrabias que no se relacionaba con nadie. Vivía solo y huía de todo el mundo. Como si le fuéramos a contagiar una enfermedad o algo así. Además, nos odiaba. Aprovechaba cualquier ocasión para meterse con nosotros e incluso una vez…

   - Sí, bien. ¿Sabe usted si tenía parientes?. ¿ Lo visitaba alguien?.

   - No. Nunca lo hemos visto acompañado de nadie, ni que nadie entrara jamás en su piso. Era un loco solitario. Los vecinos habían acordado una reunión la semana pasada, para hablar con Asuntos Sociales y que lo internaran en un manicomio, que es donde debía estar. Todos le teníamos miedo.

   - ¿Tuvieron alguna vez una discusión, un enfrentamiento, una pelea con él?.
   - No.
   - ¿En cualquier momento dio muestras de agresividad o molestó a algún vecino?.
   - No.
   - ¿Entonces por qué dice que estaba loco?.
   - No sé. Había algo en él que no era normal. Su comportamiento no era igual que el nuestro y…
   - ¿Sabe usted de donde era?.
   - No. Hace quince años que apareció, se instaló aquí y vivía de la limosna. No sabemos más de él. Sólo su nombre, y porque nos lo dijo el casero que sino no nos enteramos.
   - Gracias señora por su colaboración. Si la necesitamos volveremos a llamarla en comisaría.
   - A mandar. Pero créame ¡ estaba loco !.
    
   - Nadie tuvo nunca amistad con él, sólo saben su nombre y puede que no sea el verdadero.
   - Parece un suicidio.
   - Sí, inspector.
   - Y muy bien planeado. Igualmente hay que esperar  que venga el Juez para levantar el cadáver y  practicarle la autopsia, así sabremos realmente de lo que ha muerto. Si ha sido suicido o asesinato; o muerte natural, aunque por el aspecto que tiene todo más parece algo planificado de antemano.

  - Inspector, hay varias cartas dirigidas a diversas personas, y otra para el Señor Juez que está sellada con el dibujo de un escudo de armas sobre cera roja.

  - Bien cabo, recoja todas las pruebas que halla y envíelas al centro de datos para intentar averiguar algo sobre esas personas. El cuerpo, si después de la autopsia y de averiguar si alguna familia está buscando a alguien desaparecido con estas características,  nadie lo reclama, pasará a manos de los científicos para que puedan investigar, y a lo mejor, gracias a él se puede ayudar a muchas personas. Seguro que si nos estuviera escuchando se alegraría de poder ayudar a sus semejantes. En fin nuestro trabajo aquí ha terminado. Los compañeros se encargarán de lo que queda. Vamos le invito a un café.

Inspector, no lo va usted a creer. ¿Se acuerda del famoso crimen de Mondariz?. El parricidio más importante de todos los tiempos en esa localidad. Sí, en el que la señora  Amelia De Lavega mató a sus suegros mientras dormían, degollándolos con un cuchillo de cocina. A su marido lo mató lentamente a golpes de hacha, para que sufriera. A la niñera y la institutriz de su hijo las envenenó con agua fuerte. A la amante de su marido y a las dos supuestas hijas de éste les clavó un puñal en el corazón. Para terminar ahorcándose ella más tarde. ¿Se acuerda del hijo?. Ricardo De Lavega. Desapareció y nunca se supo nada más de él. Parece ser que por fin lo hemos encontrado. Después de cincuenta años. Se cambió el nombre, actualmente se hacía llamar Amador González. Se supone que fue el único que presenció los asesinatos, a la edad de diez años, y que huyó. Anduvo de hospicio en hospicio. Estuvo en el psiquiátrico y más tarde se le perdió la pista, justo cuando aparece en el pueblo.  Ricardo De Lavega y Amador González eran la misma persona. Se han realizado prácticas de ADN que lo han confirmado. Por tanto, el caso de Mondariz queda definitivamente cerrado. También se ha confirmado que Amador o Ricardo, como quiera, se suicidó. Con lo que también este caso queda cerrado. No tiene ningún pariente vivo y las personas a las que les escribió las cartas no existen. Nadie ha reclamado el cuerpo para enterrarlo por lo que ha sido donado a la Facultad de Medicina para que los estudiantes hagan sus prácticas con él. Así le resulta más útil a la sociedad que no en una fosa común. En fin dos casos cerrados y un enigma resuelto, no está mal para ser lunes.           


Ángeles Molina Pérez.
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